Mis letras, mis palabras, mis frases, mis sentimientos…Todo cuanto plasmo, aún sin dejar de ser de mí, de mi marca, te pertenecen en pensamiento desde este instante en que tú me lees…

© ɱağ

Desde 2014

Y cierro los ojos para abrir mi ánima…

22 de febrero de 2018

Cuaresma...



Y es que cuando vienes canalla me pones como sabes que me pones... muy... muy… muy María Magdalena. Me haces palabra de Dios que se te deshace en saliva cuando me la susurras al oído en medio de ese crujir de tus labios antes de condenarme y arrancarme de los perfiles de mi boca los mil demonios que me enervan. 

Me provocas. Sabes que soy de juego fácil y me sosiego como mercader de palomas con la vanagloria de tus cuerdas, y, así, cual fariseo o saduceo prendes las velas del templo. Me revuelvo como la serpiente que se enrosca a tu tronco pero me manejas a tu antojo como yegua a la que picas espuelas mientras me colocas en plegaria a la altura de tus rodillas, llevándome de tu mano de falso profeta a ese viaje de arena y sal sin las cuatro estaciones de Vivaldi, desde el blanco invierno de mi piel hasta el rojo otoñal que pintas en ella a lo Botticelli, cual Tentación de Cristo, pasando por los gorgojos de las ansias que se montan entre tu boca y la mía como primavera floreciente, rendida al verano sofocante de mi gloria hecha infierno engendrado por todos tus luzbeles que tocan palmas cuando se arremolinan en la puerta de ese orgasmo que me arquea entera como junco a los vientos de tu boca. 


Como diablo disfrazado de peregrino estacionas en cada una de mis penitencias, tentando la suerte de mi carne que predica en el desierto. Me retas, como si fuera la virgen de la cueva, a que llueva a toques de flauta en medio del campo y te das cuenta que vas de tamborilero de batalla, levantando estos polvos en los que plantas mástil y enarbolas bandera mientras te agarras a mis muslos sin pedir clemencia. Y yo, que de virgen no tengo más que el anhelo de clavarme en tu cruz, me deshago como Lilith de Ofitas estrujándote hasta las ganas de vivir, arrojándote desnudo desde el signo de mis cielos al reino de mi averno porque, al final, en este desierto de Tentaciones, donde no hay bula que perdone este pecado de carnes y sudores, tú eres el Cristo Redentor y yo, la bendita Cuaresma.

Este es mi aporte al jueves de Cuaresma 
que Max Estrella nos propone desde su Tablado Marionetas.




15 de febrero de 2018

El Ánima en Suspiro Enredadera...



Siento tus pálpitos convulsos sobre mi pecho. 
Varas de yedra escanciando la piel.
Travesaños en mis brazos. 
Serpientes en el cuerpo enarboladas.

Me incrusto en las pupilas de tus ojos, 
mar, tierra o fuego.
Embebidas
las espumas de aguamiel
en gemidos fermentadas.

Tu placer en mi placer
y
el veneno de tu sangre 
en las llamas vivas de mis aguas...

El Ánima en Suspiro...
y mi Ser...
enredadera.



Este es mi aporte al jueves de Suspiros 
que Nieves propone desde su blog "Matices"




8 de febrero de 2018

Vivendo...

Respiró hondo. Acababa de colgar el teléfono. La última llamada antes de la gran actuación. Apoyó las manos abiertas sobre la mesa. Entre ellas, el revólver, las esposas y el antifaz. Levantó la vista al techo y cerró los ojos. 

- Hoy es la última vez que lo haré. No más. –Se decía para sus adentros mientras el corazón le galopaba. Lo había hecho tantas veces que casi había olvidado cuándo había sido la primera pero aquella sensación de abismo seguía siendo la misma. 

Besó la cruz de nácar  del rosario que colgada de su cuello. Siempre le había traído suerte. Recordó cuando ella se lo regaló. Era importante pues había pertenecido a la rama de su madre. Desde que el tatarabuelo lo comprara a su vuelta de la campaña de Cuba y se lo diera a su esposa como regalo de bodas, había ido pasando de generación en generación hasta llegarle a ella y recuperar la tradición original. Hacerlo un regalo de boda. El Cristo de plata estaba esculpido al detalle, y las cantoneras, bellamente talladas, formaban maravillosas filigranas.

Alguien que tomaba la vida de otro en sus manos se encomendaba a los santos, como si estos fueran a atender el perdón de su decisión. Se signó y recitó en susurro una oración. Sopló la vela que iluminaba la estampa de la virgen y se santiguó a continuación. El humo formó una serpiente que se diluyó en el ambiente como la última bocanada del cigarrillo que apagó. 

Tomó los útiles y se encaminó hacia la sala. Ahí estaba ella, de pie, mirándole directamente, orgullosa a pesar de todo, siendo consciente de que su vida pendía de un hilo. Él se acercó. Le ayudó a separar las piernas y ciñó las tobilleras para amarrarle sus pies a la pared, como hizo con las muñecas después de colocarle las esposas. 

- Perdóname –le dijo en un susurro. 

Sus miradas se acoplaron. No recibió respuesta. 
Volvió a respirar hondo y retrocedió sobre sus pasos. Mentalmente contó los que debía dar. Se cubrió los ojos justo antes de girarse hacia la mujer. Reinaba a su alrededor un silencio sepulcral. Y, aunque no lo hubiera habido, él no hubiera escuchado más allá de su interior. La sangre corría tan densamente por las venas que el corazón, lejos de galopar, ahora parecía detenerse. 

Un disparo. Dos… Tres… Cada uno tenía su dirección y su mida. El quinto terminó de formar una imaginaria estrella de cinco puntas. Se aseguró de su trabajo bien hecho. Se sintió satisfecho y abandonó el lugar sin mirar atrás. 
Su soledad se vio truncada unos minutos después. Las manos femeninas recorrieron su pecho desde la cintura. El apoyó las suyas sobre las de ella. 

- Ya está… y ha salido bien. Deberíamos celebrarlo y olvidar todo esto. ¿No te parece? 
- Es lo mejor pero uno no se termina de acostumbrar –reconoció el hombre. 
- Ahora ya no deberás pensar en ello –le aseguró, pasando delante para poder mirarle a los ojos cuyo brillo estaba al borde de las lágrimas. Sus bocas se unieron en un denso beso, como denso era el abrazo en el que latieron sus corazones. El sonido de sus respiraciones, hilvanado al de sus labios en fricción, se intensificó. 
- Será mejor que nos vayamos antes de que venga alguien porque solo hay una cosa que podría hacer ahora mismo –dijo viendo el tarro de piruletas sobre la mesa- y te aseguro que no es lo que me apetece… -continuó.
-¿Y qué te apetece? -le preguntó con picardía.
- Ser muy canalla contigo… - empezó a decir con tanta intensidad que parecía apretar los dientes y cortarle el aliento con el suyo-. Ponerte unas esposas, colocarte a cuatro patas y follarte hasta decir basta. Luego, llenar la bañera con agua tibia y cuidarte… para volver a disfrutarnos hasta el amanecer –concluyó dándole una palmada en el trasero. 


Salieron por una de las puertas traseras que tenía siempre la llave puesta. Subieron a la moto para abandonar una forma de vida y tomar el sendero de una nueva. Dejarían de ser la atracción principal. Él, el chico que disparaba balas con los ojos tapados, y, ella, la asistente que ponía en juego su vida cada noche. Porque, al final, “el propósito de la vida es vivirla, disfrutar de la experiencia al extremo, extender la mano con impaciencia y sin miedo a vivir experiencias más nuevas y más enriquecedoras” Eleanor Roosevelt (1884-1962)


Reto perteneciente a la propuesta de Gin, sobre citas y sueños.
En el enlace existente bajo la imagen podrás leer esta y otras historias.



Video relato 


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